Kanye West retirándose del escenario, mientras Beck recibía su premio

Kanye West retirándose del escenario, mientras Beck recibía su premio

La comidilla de los medios estos días es lo que sucedió el pasado domingo durante la entrega de los Grammy Awards, donde Kanye West aparentemente “amagó” con robarle la estatuilla al destacado y talentoso músico Beck. No es la primera vez que West actúa de esa manera; de hecho, logró consumar el “hurto protagónico” del premio a una jovencísima Taylor Swift durante los VMA Awards en 2009, alegando que el mismo debía estar en manos de Beyoncé. Pues bien, seis años después pretendió defender otra vez a su querida amiga ante millones de espectadores alrededor del mundo y en una celebración de mayor envergadura aún. Tras lo que parecía ser un gran papelón, ocurrió algo peor: sus declaraciones a la prensa. Se tomó el tiempo para descalificar a un colega que grabó íntegramente en su casa todo el disco, tocando él sólo los instrumentos, componiendo él solo todos los temas, mientras que su amiga Beyoncé cuenta con un ejército de personas que le escriben las letras, le tocan los instrumentos, le arman sus campañas de marketing, tiene una oficina de RRPP que maneja sus intensas presentaciones en los medios y un marido, Jay-Z, que es una figura de enorme poder en la industria.

En las redes sociales, en los medios de comunicación y en la oficina, estos últimos días éste fue el tema “trendy”. Se armaron bandos: los Pro y Anti Kanye West. Incluso, señales de apoyo y de antagonismo aparecieron en varias publicaciones especializadas por parte de reconocidos músicos que dieron a conocer su posición al respecto.

¿Qué es lo que subyace en todo este debate? Creo que varias puntas.

  1. La pseuda autoridad moral que algunos creen tener para catalogar a tal o cual de merecedor de un premio y querer arrebatárselo, cuan dios encarnado sobre la faz de la Tierra.
  2. La definición de lo que es Arte, y no lo es; lo que es revolucionario, y lo que es mediocre; lo que es elevado, y lo que es ordinario.
  3. El significado de “Talento”: ¿acaso se mide por la hipermasificación de un artista o por el singular virtuosismo en una actividad, profesión o expresión artística?
  4. El rol de los medios: ¿no será que sobreinflan de talento a cualquiera que cree merecerse su momento de fama, reconocimiento y dinero y nosotros, los consumidores, lo validamos ciegamente?

Son cuestionamientos que me han invadido la mente estos últimos días, y lo traslado a otros casos: a figuras que vemos en la televisión y son impresentables, pero como son “populares” y “venden”, allí los vemos – ¡hasta en más de un programa por canal! A conductores de radio que con su verborragia carente de educación y formación, se creen con el derecho de aniquilar a cualquiera por sus ideologías, por su opción sexual, por su origen étnico, lo que sea. Ellos son “figuras”, y tienen derecho a defenestrar a cualquiera u opinar de lo que sea. Claro, son gente “cool”. También tenemos a locutores que son “maestros” en lo que hacen, haciéndote creer que esta profesión te ayudará a ganar dinero de la noche a la mañana si compras sus cursos, sus libros y seminarios.  Por supuesto, como si ser locutor fuera un capricho, y si te dan las ganas de dártelo comprándote un micrófono de 75 dólares, una tarjeta de sonido de 150 y una computadora, estos profesionales compartirán todos sus secretos para que te ganes un nombre instantáneamente… Aún cotizando una miseria, aún no teniendo una impecable dicción, aún diciendo que tu lengua nativa es el Español y en realidad es puro Spanglish. Sí: la fama, el poder, el reconocimiento, la compensación, el valor de un profesional, hoy pasa por parámetros muy diferentes a los que solíamos tener hace algunos años.

Actualmente somos presas del “Talento Barato”, del “Todo Lo Vale”, lo cual demuestra que el Arte está en crisis. El Talento está sobre y sub ponderado a la vez. Los valores, también. Depende de cada uno dejarse arrastrar por la corriente y ser una simple oveja del rebaño, o apelar al sentido común, a nuestro don de raciocinio, a nuestra capacidad como seres pensantes que somos, para aprender a discernir y no rendirnos ante la mediocridad que los medios y todo nuestro entorno nos imponen. Por suerte, esos mismos medios nos dan otras opciones para investigar más, para aprender más, para sorprendernos más.

Aspiremos a ser talentosos en nuestra forma de valorar lo que nos rodea por su verdadera dimensión. No nos conformemos con tanta vulgaridad, porque no sólo alcanza: sobra a toneladas. Cortemos con ser cómplices de una sociedad que se resigna a lo descartable, vacío e incongruente. Empecemos a exigir como público, como consumidores, y como CREADORES. Levantemos el nivel. Empecemos por casa. Empecemos en nuestro alma, en nuestra mente, en nuestro espíritu. Eso también es ayudar a crear un mundo mejor, ¿no les parece?

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