Vivimos en la Cultura de la Comparación.  Cada día nos vemos sumergidos en un mundo donde ser exitoso pasa por lo visual, por la apariencia, por fotografías o comentarios que creemos reflejan “la verdad”, “lo real” del otro.  Es innegable que las redes sociales tienen mucho que ver con este fenómeno psicosocial.

Parece que nunca es suficiente lo que hacemos. Abrimos el Facebook y nos enteramos cuánto dinero está haciendo mengano; qué tan feliz es sultana; qué nuevo cliente se sumó a la lista de perengano.

Para la psicoterapeuta Bea Arthur, la idea de “felicidad” se convierte en un blanco móvil–por eso nos invade la ansiedad, la frustración, la angustia, la insatisfacción.  Sentimos que nunca es suficiente lo que hacemos, el tiempo que invertimos para salir del statu quo, las ganas que ponemos ante nuestros objetivos.  La imagen de esos “moving targets” se hizo tan vívida en mi interior, que me inspiró a escribir este artículo.

Arthur asegura que vivimos en un mundo donde nos entrenan para que neguemos u ocultemos nuestras emociones.  No queda bien andar vociferando por ahí que uno tiene miedo, que está decepcionado, que tiene ganas de irse al demonio. Mostrar fragilidad es sinónimo de ser un perdedor, un débil, un ser incapaz de hacerle frente a la vida. Ante los ojos de nuestros seguidores en Facebook tenemos que mostrar que todo es risas, belleza y éxito; como eso es lo que reflejan todos, si somos nosotros los que no sentimos o tenemos todo ello, creemos que nuestra vida se cae a pedazos, que estamos haciendo las cosas mal.

Lo cierto es que para nuestra profesión, la Locución, resulta imposible no compararse con otros.  De pertenecer a un grupo en Facebook o de abrir nuestra cuenta en LinkedIn, podemos enterarnos de todos sus progresos, de sus logros, de sus actividades.  ¡Yo también publico esas cosas!  Pero ¿cuántos de nosotros se anima a admitir que siguiendo las publicaciones de sus colegas muchas veces no ha caído en la comparación y se angustia, o siente que no está haciendo lo suficiente para poder triunfar? Quien lo niegue, miente.

Me gustó muchísimo la presentación de Bea Arthur, pues ella concibe que las Emociones generan Energía, Atención y Conciencia.  Asevera que la Energía, de ser bien invertida y dirigida, es capaz de orientar positivamente nuestra vida.  Por eso, cada emoción merece nuestro máximo respeto, sea ésta de rabia, dolor o alegría.  Es hora de darnos cuenta que compararnos con el otro es una forma inútil de competir, y que nos arrastra al abismo de la impotencia y la infelicidad.

La solución, dice Bea Arthur, no pasa por la angustia ni por la desesperación o la sensación de fracaso, sino por la ALINEACIÓN –eso es, por nuestra capacidad de ajustarnos internamente con nuestras metas.  Ahí no nos distraemos con “ruidos” ensordecedores (publicaciones de Facebook, fotos en Instagram, artículos en LinkedIn, caracteres en Twitter).  Cuando uno está alineado mira su propio horizonte y su energía se concentra en sí mismo, en su poder de transformación, en su habilidad de materializar sueños, en la tangibilización de su visión, de su ideal.  Alinearnos con nuestros propósitos debe ser nuestro mantra. Arthur asevera que si verbalizamos nuestro mantra, el Universo va a enterarse realmente de ese deseo y se complacerá en ayudarnos para lograrlo.

Es bueno dejar a un margen esta Cultura de la Comparación que alientan las Redes Sociales, porque generan ruido, provocan caos, y nos alejan de nuestra luz interior. Al alinearnos con nosotros mismos, lo que hagan o digan los otros, los estándares que reinan a nuestro alrededor pasarán a un plano casi imperceptible, y eso permitirá enfocarnos en la vida que profundamente deseamos.

Les recomiendo el video.  Pueden verlo aquí.


 

 

 

 

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